martes, 9 de octubre de 2012

Voto a los 16 - Debate HCD

El primer ejercicio que invitamos a realizar de forma hipotética es preguntarnos que pasaría si salimos a consultarle a los bahienses, a nuestros vecinos de a pie, mayores de 18, qué nos mencionen de corrido los nombres de cómo mínimo 6 concejales, sin dudar y sin chistar. Nos arriesgamos a sostener que a unos cuantos vecinos se les complicaría tal tarea, al intentar completar los nombres. Y eso que estamos hablando de la ciudad, de lo que debería ser objetivamente la cuna de la democracia, en la que los ciudadanos tienen acceso no sólo más directo a sus representantes, sino que deberían tener mayor capacidad de influencia directa en la cosa pública.

La apatía, el “no te metás”, el “algo habrán hecho” conformaron una cultura de la antipolítica, en una sociedad donde gran parte fue criada bajo gobiernos de facto. Nuestra realidad como jóvenes es otra, nacimos y nos criamos en democracia, somos generacionalmente hijos de la democracia, para nosotros igualdad social y Estado de derecho no son valores antitéticos.

Esa disociación entre lo que se suele llamar “los políticos” y la ciudadanía corresponde a una multiplicidad de factores de los que somos responsables todos los que participamos y militamos políticamente. Pero cuando la política vuelve, cuando la política retorna, algunos desde sus comodidades y su mentalidad conservadora se asustan. Los jóvenes son los primeros en ser señalados.

Y por más que ha muchos les moleste la juventud es esencial para entender a la política cabalmente como herramienta de cambio. Debemos preguntarnos a que se debe el envejecimiento de nuestra clase política, y eso nos debe preocupar por la salud de nuestro propio sistema democrático. Varios autores consideran que uno de los motivos del deterioro del espíritu revolucionario francés se debió justamente a que años después eran los mismos que en 1789, se había generado un agotamiento biológico. Si, se había generado un agotamiento biológico de los cuadros políticos revolucionarios. Nuestra clase política está envejecida, en el medio tenemos la desaparición de una generación que hoy debería estar. De 30.000 compañeros desaparecidos que hoy no se encuentran con nosotros y que hubieran necesariamente, sin caer en idealizar a nadie, ocupado espacios militantes e institucionales y hubieran al mismo tiempo formado nuevas camadas militantes.

La formación de nuevos cuadros, la formación de nuevos militantes que entiendan la importancia del sostenimiento y profundización del sistema democrático debe ser, hasta por una cuestión de supervivencia, uno de nuestros principales objetivos. Pero debemos reconocer que en nuestra realidad cotidiana nos encontramos con aquellos que Moisés Lebensohn denominó “políticos profesionales”, los que forman esas especies de PYMES familiares y se quedan engarzados ininterrumpidamente a cargos públicos. Esa gente, que todos conocemos, y que viven de la política, y no para la política.

El envejecimiento de las estructuras políticas es una realidad palpable en todas las organizaciones políticas occidentales. En su momento, y sólo como ejemplo, el Partido Socialista francés, en su Congreso Nacional al momento de enfrentar la competencia electoral por la presidencia, y ungirse luego como candidata a Segolen Royal realizó un preocupante balance en torno a la composición etaria de sus afiliados y de la militancia socialista.

Así el agotamiento de las experiencias de la izquierda europea, condujo a una desvirtuación ideológica de algunas experiencias como el laborismo inglés acercándose claramente hacia el liberalismo, la impotencia del socialismo francés, la desaparición del comunismo italiano y frances (ambos grandes partidos europeos), o las limitaciones del PSOE al quedarse anclados en conquistar mayores derechos civiles para las minorías como la ley de Igualdad que implican avances sociales pero paralizados ante el aumento de las diferencias entre las clases que conducen a una mayor concentración económica. Ante la crisis global del capitalismo hoy son impotentes de generar nuevas recetas.
Es posible que la realidad política europea este atada a un envejecimiento de su pirámide poblacional, cosa que dista de ser semejante en Latinoamérica. Mirando nuestra realidad inmediata, los segmentos juveniles de la ciudad, de nuestra Bahía Blanca, equivalen a más de 1/3 de la población total urbana. ¿Cómo están representados esos chicos? ¿Con dirigentes que podrían ser sus padres o sus abuelos? La juventud es un actor de envergadura propia.

Sin lugar a duda los efectos del neoliberalismo, de la desocupación y la exclusión tienen a la juventud entre sus principales víctimas.

Hace unos días falleció Eric Hobsbawm, quien fuera el gran historiador del Siglo XX, en una de sus obras al reseñar el llamado “siglo corto” consideró que una de las novedades sociales de mayor importancia del mundo de pos guerra fue dar a la luz a un masivo y nuevo actor político / social en los años 60: la juventud. Caracterizada por su autonomía, su nivel de alfabetización, su origen social, su radicalismo ideológico y compromiso con los más desposeídos. Francia, Alemania y Gran Bretaña tenían 150.000 estudiantes universitarios antes de la 2° Guerra Mundial, y luego en los 80´ los estudiantes se contaron por millones. Todo esto fue nuevo y repentino generando una revolución cultural sorprendente, con una fuerza política más importante que nunca. Hobsbwan  sostiene:

hasta los años setenta el mundo de la posguerra estuvo gobernado por una gerontocracia en mucha mayor medida que en épocas pretéritas, en especial por hombres que ya eran adultos al final, o incluso al principio, de la primera guerra mundial. Esto valía tanto para el mundo capitalista (Adenauer, De Gaulle, Franco, Churchill) como para el comunista (Stalin y Kruschev, Mao, Ho Chi Min, Tito), además de para los grandes estados pos coloniales (Gandhi, Neru, Sukarno). Los dirigentes de menos de cuarenta años eran una rareza, incluso en regímenes revolucionarios, de ahí gran parte del impacto de Fidel Castro, que se hizo del poder a los treinta y dos años...”

Hoy ya entrado el Siglo XXI tenemos en nuestro país una crisis sistémica de los partidos políticos en todas sus escalas, pero que presenta posibilidades con la mayor participación día a día de muchos jóvenes, que militan alegremente y que entienden la importancia del compromiso militante. La militancia es una forma de vida.

Encaramos desde esta lectura la importancia de complementar una formación ciudadana, desde la necesaria reforma educativa pendiente, al proyecto de extensión del derecho a voto a los chicos de 16 años presentado por el senador Aníbal Fernández. Cuánto más temprano tomen conciencia de la importancia de la política y de la militancia, cuanto más temprano observen la centralidad de defender a la democracia, cuanto más temprano opten por entrar a cualquier estructura partidaria, cuánto más temprano suceda ganamos todos.

GRUPO 83